Estreno con algo de retraso los post de 'Popular Icons' de este 2010 (mil disculpas) y lo hago rescatando de la memoria a un viejo personaje que, a buen seguro, será conocido por todos.

Me refiero a Wally. Un icono de la década de los 80 que alcanzó su mayor popularidad en los 90 y que es fácilmente identificable por su vestimenta: una camiseta de rayas rojiblancas (como las del Atleti pero invertidas en horizontal), un gorrito del mismo color, unas gafas, un bastón y una mochila al hombro.
Sí, Wally era mochilero, trotamundos y despistado, muy despistado. Perdía las cosas por el camino y tenía poderes camaleónicos para conseguir fundirse en su entorno. De hecho, aunque posiblemente no sea consciente de ello, es el gran culpable de muchos problemas de visión de varias generaciones de jóvenes de todo el mundo.
El padre de la criatura es el dibujante británico
Martin Handford cuya intención era que cada par de páginas buscáramos a Wally por un nuevo lugar del mundo. A lo largo del tiempo el abanico de personajes a buscar se iría ampliando con viejos conocidos como El Mago Barbablanca, Wenda, Woof o Odlaw. Tampoco cabría olvidar algunos objetos que hacían romperse la cabeza a cualquier buscador improvisado que se atreviese con ellos como las gafas, los pergaminos o los zapatos.
Los libros de '¿Dónde está Wally?' ('Where is Waldo?' en inglés) eran realmente novedosos porque hasta el momento no se había hecho nada similar. Ocurre igual con aquellos libros de ilusiones ópticas que también estuvieron de moda en los 90 y en los que yo, personalmente, no veía nada de nada.
Hoy Wally es un icono olvidado a pesar de que en el año 2006 saliera el último libro de la firma 'A la caza del cuadro escondido'. Un personaje que forma parte de un imaginario colectivo de ratos libres de tarde de fin de semana y tapas duras que hoy lo son menos por el paso de los años.
Wally se ha marchado, posiblemente para no volver. Quién sabe, tal vez al fin y al cabo logró encontrar su mejor escondite, ese en el que nadie le puede encontrar.